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Construcción
de confianza, respeto,
conocimiento de los otros,
visiones compartidas,
cumplimiento de las normas,
cooperación y asociatividad.
El desarrollo y la convivencia son dos propósitos difíciles de
alcanzar sin la participación calificada de todos los actores de
la vida social, política, económica y cultural de un país. Para
que esa participación sea no solo activa y calificada sino
dinámica y concurrente al mejoramiento integral de la vida de
los ciudadanos es preciso construir capital social, es
decir, confianza, respeto y conocimiento de los otros, visiones
compartidas, cumplimiento y respeto por las normas, cooperación
y asociatividad.
Las alianzas son una herramienta valiosa para la construcción
de capital social por cuanto favorecen el desarrollo y
fortalecimiento de estas habilidades sociales y los valores
asociados a ellas.
La confianza, por ejemplo, es el valor fundamental a
cultivar en las alianzas, pues propicia relaciones abiertas y
francas a partir del mutuo conocimiento entre los socios y la
valoración de sus fortalezas. Y el medio fundamental para
desarrollarla y promoverla es la comunicación, el diálogo
fluido, el manejo abierto de la información y el conocimiento,
la retroalimentación y la motivación constante.
El respeto por el otro crea un ambiente de escucha y
valoración de lo que los pares dicen o proponen y favorece la
inclusión, pues todos los miembros de la alianza pueden
participar en el espacio colectivo que se crea y plantear sus
ideas e inquietudes en pie de igualdad. Todo ello reduce los
protagonismos individuales, pues los resultados les corresponden
a todos, y favorece la responsabilidad compartida, al ser todos
gestores y artífices de las acciones.
Además, la activa participación en los procesos de las
alianzas enseña a las personas a ejercer sus derechos como
ciudadanos, aumentando el poder del individuo sobre los recursos
y las decisiones que afectan su vida. La participación genera
posibilidades de educación y capacitación que permiten mejores
oportunidades de inclusión en la vida política, laboral y
cultural a los miembros de la comunidad.
El discutir, construir acuerdos y plantearse metas comunes
favorece la creación de visiones compartidas, las cuales
fortalecen identidades, generan pertenencia y arraigo,
desarrollan sinergias y encauzan esfuerzos para alcanzar logros
comunes. Todo ello mejora además la convivencia, al reducir los
conflictos generados en el choque de intereses particulares.
La construcción de acuerdos sobre reglas de juego para el
desenvolvimiento de la alianza y el cumplimiento de sus
objetivos, así como el seguimiento colectivo y estrecho a los
procesos, fortalecen la capacidad de apropiación colectiva de
las normas, crean una mayor disposición a cumplirlas y, en
consecuencia, contribuyen a la gestación de una cultura de
respeto y acatamiento de las leyes.
Las organizaciones de la comunidad también se ven
fortalecidas al entrar a las alianzas, pues se hacen
conocer, diversifican sus relaciones, se incorporan a dinámicas
de trabajo más amplias, acceden a recursos y se posicionan en el
espacio político de la localidad. |
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Villanueva, fundado en 1967 en el sur del departamento de
Santander, tiene cerca de 7.000 habitantes. Mientras que los
hombres han sembrado fríjol y tabaco desde siempre, las mujeres
trabajaban un promedio de 91.5 horas a la semana transformando
el fique en sacos, utilizando tornos artesanales y telares que
exigían gran esfuerzo y no permitían buena calidad para el
producto. Pero la forma en que llevaban a cabo estas
actividades, que representan 90% de los ingresos del municipio,
los mantenía en la pobreza.
Además, para generar sus ingresos, las familias se veían en la
necesidad de retirar a hijas e hijos de la escuela e
incorporarlos al trabajo de la casa. Así, en 1997 solo 54 de
cada 100 niños asistían a la escuela.
Unos pocos comerciantes controlaban todo el mercado y
fijaban los precios tanto de la venta de fibra para trabajar,
como de la compra de sacos terminados.
En 1996 las mujeres de Villanueva, con el apoyo de la Asociación
Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, de Santander, crearon la
Asociación de Mujeres Campesinas de Villanueva. Querían salir
de pobres pero haciendo lo que sabían hacer: tejer el fique.
Con el apoyo de la Corporación Compromiso y el Fondo Emprender
adelantaron un estudio de prefactibilidad para una empresa
comercializadora que señaló que el fique era un sector
económicamente vivo en Villanueva: en 1996 había movido más de
$1.800 millones de pesos y arrojado una ganancia bruta de casi
$600 millones.
Para crear la empresa comercializadora era necesario capacitar a
la gente en formación empresarial, favorecer y fortalecer la
organización campesina, canalizar recursos, mejorar la
infraestructura del negocio y desarrollar una estrategia de
trabajo que hiciera posible el nacimiento de la empresa y su
control por parte de los campesinos de Villanueva.
Para ello decidieron crear una alianza con instituciones
que aportaran a cada uno de esos propósitos.
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