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Una alianza es una relación abierta establecida entre socios activos cuya fortaleza radica en los aportes distintos pero complementarios que cada uno hace para alcanzar un propósito común acordado por todos. Las alianzas son una estrategia para impulsar el desarrollo y mejorar la convivencia y la gobernabilidad.

Una estrategia en la que
todos ponen y todos ganan

Una estrategia para
reducir la pobreza

Una estrategia para
construir capital social

Una estrategia para
incrementar la gobernabilidad

Una estrategia para
favorecer la convivencia
   
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  Un gran potencial para construir nuevas formas de hacer política en lo local

Las alianzas cambian la forma en que los actores sociales se relacionan y negocian entre ellos, lo que lleva a ampliar sus puntos de vista y a lograr una mayor disposición para la concertación y la conciliación.

De esta manera las alianzas impulsan dentro de la gestión pública nuevas formas de gobernabilidad. Acercan y comprometen a los actores del desarrollo y de la vida social y política en la discusión de alternativas de solución a los problemas y conflictos, gracias a la creación de espacios amplios de deliberación y a la construcción de acuerdos incluyentes en los que se garantiza la participación de distintas fuerzas sociales. Participación que también está asegurada en la ejecución de obras y en el seguimiento a los recursos y las metas.

Son además una inversión rentable a largo plazo, pues el proceso de aprendizaje y construcción de confianza resultante de una experiencia en alianza lleva al desarrollo de los elementos claves para el empoderamiento de actores sociales y políticos locales: el acceso a la información, la inclusión, la participación, la corresponsabilidad, la necesidad de rendir cuentas y la capacidad local de organización.

Con las alianzas todos ganan:
  • Las entidades públicas adquieren una mayor capacidad para focalizar, identificar prioridades y buscar respuestas diversas, más apropiadas a las necesidades de poblaciones específicas. Además logran mayor legitimidad, flexibilidad, sostenibilidad y credibilidad para su gestión.
     
  • Hay más información y más conocimiento para los involucrados, lo que contribuye a ganar una perspectiva más integral de los problemas y de las soluciones que deben emprenderse.
     
  • Las ONG diversifican y enriquecen sus relaciones a todo nivel y toman una mayor conciencia del manejo de tiempos y recursos, sobre los cuales el sector privado tiene una ventaja comparativa.
     
  • Las comunidades pasan a ser reconocidas como socias y no sólo como beneficiarias, y se familiarizan con la filosofía y la forma de actuar de los otros actores, particularmente los del sector público y el sector privado.
     
  • Las empresas y en general el sector privado que se vincula a las alianzas amplia y fortalece sus relaciones con la comunidad y con las instituciones públicas, logra una mejor comunicación sobre sus intereses y expectativas y mejora su imagen pública.
   
A finales de 1990, Tarso, un municipio cafetero del suroeste de Antioquia con 6.947 habitantes, evidenciaba una crisis económica, política y social de grandes proporciones por la inadecuada gestión de los gobernantes locales y la escasa participación de los ciudadanos en el manejo de los asuntos públicos. Paralelamente, dos situaciones de origen externo amenazaban la dinámica del desarrollo local: la crisis de la caficultura, principal actividad económica, y la presencia de actores armados en el municipio.

El déficit fiscal del municipio amenazaba con hacerlo inviable. El gobierno local había perdido su legitimidad y los pobladores desconfiaban de las instituciones del Estado. No se pagaban impuestos. Inversionistas y población en general se fueron a otras localidades. Se agudizó el desempleo, la violencia intrafamiliar y la desnutrición infantil. Y no había ni políticas públicas ni programas para brindar soluciones integrales a estas problemáticas sociales.

La crisis, sin embargo, fue asumida como una oportunidad para iniciar un proceso de transformación de las relaciones sociales y de poder. Los tarseños se dieron primero a la tarea de organizarse como sociedad civil en Asamblea Municipal Constituyente, AMC, para luego constituir una alianza con la administración municipal.
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