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Las alianzas son una estrategia de gestión para combatir la pobreza y beneficiar a un amplio conjunto de ciudadanos. Una estrategia que involucra a diversos actores sociales en torno a propósitos comunes, para generar transparencia, inclusión, participación y confianza.

Una estrategia en la que
todos ponen y todos ganan

Una estrategia para
reducir la pobreza

Una estrategia para
construir capital social

Una estrategia para
incrementar la gobernabilidad

Una estrategia para
favorecer la convivencia
   
Inicio Quiénes Somos El Programa Experiencias Guía para la Creación Publicaciones
  Una forma de gestión innovadora para abordar el desarrollo construir la paz
y mejorar la convivencia.


Las alianzas son estrategias de trabajo conformadas a partir de relaciones abiertas entre socios activos del sector público, el sector privado y la sociedad civil organizada, los cuales hacen aportes distintos pero complementarios para alcanzar un objetivo común acordado por todos.

Se diferencian de otras formas de colaboración, tales como la coordinación interinstitucional tradicional, los acuerdos de cooperación o las de contratista – contratado, en que tienen un objetivo común, democráticamente acordado, que satisface intereses distintos e involucra el trabajo de todos los socios.

En las alianzas las relaciones son horizontales y las reglas de juego se acuerdan entre todos. Sus miembros se comprometen con el logro de un objetivo, asumen los riesgos que este exige, combinan sus fortalezas y hacen aportes (técnicos, de gestión, de capacidad de convocatoria o recursos financieros), según sus capacidades.

Las alianzas son estrategias de trabajo, no un fin en sí mismas, por lo que su duración será la que se estime conveniente y los socios no perderán su autonomía en el manejo de los asuntos propios de su organización. Lo importante es mantener un firme compromiso con el objetivo común de la alianza, respetar las reglas de juego acordadas y compartir la información sobre su desenvolvimiento.
   
Villanueva, fundado en 1967 en el sur del departamento de Santander, tiene cerca de 7.000 habitantes. Mientras que los hombres han sembrado fríjol y tabaco desde siempre, las mujeres trabajaban un promedio de 91.5 horas a la semana transformando el fique en sacos, utilizando tornos artesanales y telares que exigían gran esfuerzo y no permitían buena calidad para el producto. Pero la forma en que llevaban a cabo estas actividades, que representan 90% de los ingresos del municipio, los mantenía en la pobreza.

Además, para generar sus ingresos, las familias se veían en la necesidad de retirar a hijas e hijos de la escuela e incorporarlos al trabajo de la casa. Así, en 1997 solo 54 de cada 100 niños asistían a la escuela.
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