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Villanueva,
fundado en 1967 en el sur del departamento de Santander, tiene
cerca de 7.000 habitantes. Mientras que los hombres han sembrado
fríjol y tabaco desde siempre, las mujeres trabajaban un
promedio de 91.5 horas a la semana transformando el fique en
sacos, utilizando tornos artesanales y telares que exigían gran
esfuerzo y no permitían buena calidad para el producto. Pero la
forma en que llevaban a cabo estas actividades, que representan
90% de los ingresos del municipio, los mantenía en la pobreza.
Además, para generar sus ingresos, las familias se veían en la
necesidad de retirar a hijas e hijos de la escuela e
incorporarlos al trabajo de la casa. Así, en 1997 solo 54 de
cada 100 niños asistían a la escuela.
Unos pocos comerciantes controlaban todo el mercado y
fijaban los precios tanto de la venta de fibra para trabajar,
como de la compra de sacos terminados.
En 1996 las mujeres de Villanueva, con el apoyo de la Asociación
Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, de Santander, crearon la
Asociación de Mujeres Campesinas de Villanueva. Querían salir
de pobres pero haciendo lo que sabían hacer: tejer el fique.
Con el apoyo de la Corporación Compromiso y el Fondo Emprender
adelantaron un estudio de prefactibilidad para una empresa
comercializadora que señaló que el fique era un sector
económicamente vivo en Villanueva: en 1996 había movido más de
$1.800 millones de pesos y arrojado una ganancia bruta de casi
$600 millones.
Para crear la empresa comercializadora era necesario capacitar a
la gente en formación empresarial, favorecer y fortalecer la
organización campesina, canalizar recursos, mejorar la
infraestructura del negocio y desarrollar una estrategia de
trabajo que hiciera posible el nacimiento de la empresa y su
control por parte de los campesinos de Villanueva.
Para ello decidieron crear una alianza con instituciones
que aportaran a cada uno de esos propósitos. La Anuc y la
Asociación de Mujeres fueron diseñando una lista de invitados
con funciones específicas: la Universidad Industrial de
Santander por su capacidad para investigar y diseñar hiladoras
eléctricas; el Sena, para capacitar a la comunidad en la gestión
empresarial para la comercialización de la fibra y del fique así
como sobre el desarrollo de la semilla seleccionada de fríjol;
Corpoica para capacitar en la siembra de semilla seleccionada de
fríjol y en las formas de mejorar la productividad de este
cultivo y la Corporación Compromiso, para fortalecer la
capacitación empresarial y la organización comunitaria y
coordinar la acción de todas las otras entidades.
La Asociación de Mujeres Campesinas de Villanueva y la Anuc
municipal asumieron el papel de interlocutores de la comunidad
ante el proyecto, con el fin de crear el espacio en donde la
comunidad se encontrara, discutiera, propusiera y evaluara el
trabajo y pasara a asumir un papel protagónico, más allá de
ser simples receptores de las acciones.
En junio de 1998 llegaron las máquinas, en principio 30 tornos
de los cien que constituían la meta del proyecto y que pronto se
completaron logrando que otras tantas familias redujeran su
jornada de trabajo de 91.5 a 40.5 horas a la semana.. Además dos
organizaciones comunitarias se consolidaron al agrupar a 685
personas; 872 mujeres y 135 hombres fueran beneficiados con
diversas capacitaciones y 26 agricultores pudieron trabajar con
semilla seleccionada, subiendo la germinación a un 98%. En
síntesis, 950 familias, es decir, 5.700 personas que representan
el 80% de la población del municipio mejoraron sus ingresos.
En una evaluación posterior de su trabajo encontraron que la
ejecución del dinero fue del 127% sobre lo presupuestado, las
capacitaciones tuvieron mayor cobertura de la esperada y el
aporte de las instituciones había sido significativo.
Esas mismas instituciones continuaban en 2004 apoyando el
trabajo de la alianza. Y las organizaciones de los campesinos
mantenían el control de la empresa. |
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Construcción
de confianza, respeto,
conocimiento de los otros,
visiones compartidas,
cumplimiento de las normas,
cooperación y asociatividad.
El desarrollo y la convivencia son dos propósitos difíciles de
alcanzar sin la participación calificada de todos los actores de
la vida social, política, económica y cultural de un país. Para
que esa participación sea no solo activa y calificada sino
dinámica y concurrente al mejoramiento integral de la vida de
los ciudadanos es preciso construir capital social, es
decir, confianza, respeto y conocimiento de los otros, visiones
compartidas, cumplimiento y respeto por las normas, cooperación
y asociatividad.
Las alianzas son una herramienta valiosa para la construcción
de capital social por cuanto favorecen el desarrollo y
fortalecimiento de estas habilidades sociales y los valores
asociados a ellas.
La confianza, por ejemplo, es el valor fundamental a
cultivar en las alianzas, pues propicia relaciones abiertas y
francas a partir del mutuo conocimiento entre los socios y la
valoración de sus fortalezas. Y el medio fundamental para
desarrollarla y promoverla es la comunicación, el diálogo
fluido, el manejo abierto de la información y el conocimiento,
la retroalimentación y la motivación constante.
El respeto por el otro crea un ambiente de escucha y
valoración de lo que los pares dicen o proponen y favorece la
inclusión, pues todos los miembros de la alianza pueden
participar en el espacio colectivo que se crea y plantear sus
ideas e inquietudes en pie de igualdad. Todo ello reduce los
protagonismos individuales, pues los resultados les corresponden
a todos, y favorece la responsabilidad compartida, al ser todos
gestores y artífices de las acciones.
Además, la activa participación en los procesos de las
alianzas enseña a las personas a ejercer sus derechos como
ciudadanos, aumentando el poder del individuo sobre los recursos
y las decisiones que afectan su vida. La participación genera
posibilidades de educación y capacitación que permiten mejores
oportunidades de inclusión en la vida política, laboral y
cultural a los miembros de la comunidad.
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