Una alianza es una relación abierta establecida entre
socios activos cuya fortaleza radica en los aportes distintos
pero complementarios que cada uno hace para alcanzar un
propósito común acordado por todos. Las alianzas son una
estrategia para impulsar el desarrollo y mejorar la
convivencia y la gobernabilidad.
El Programa Nacional de Alianzas surgió en 1996 de dos
iniciativas distintas pero complementarias. De una parte, el
Banco Mundial, quien emprendió en 1993 en varios países de la
región (con el apoyo de la Fundación Interamericana y el PNUD,
ONG y universidades) un programa para promover y facilitar la
creación de nuevas alianzas para la superación de la pobreza
entre gobiernos locales y regionales, empresas privadas y
organizaciones cívicas y comunitarias.
En forma simultanea, la Fundación Corona venía explorando el
tema de las alianzas de organizaciones ciudadanas con los
sectores público y privado en siete ciudades del país. La idea
era aprender a partir de experiencias realizadas en contextos
reales, divulgar las experiencias innovadoras y explorar cómo
trabajar en esta dirección.
Con base en esas primeras iniciativas se creó el Programa
Nacional de Alianzas para la Superación de la Pobreza, que
adelantó convocatorias en 1997, 1998, 1999 y 2002.
El objetivo del programa fue, entonces, identificar casos
exitosos de alianza entre el sector público, el sector privado y
organizaciones ciudadanas, aprender a partir de éstos, promover
la adopción de las alianzas como una forma efectiva de
intervención social y apoyar selectivamente algunas experiencias
para su expansión, replica o consolidación.
El
Programa Nacional de Alianzas no desarrolló una teoría a partir
de la cual promover o montar alianzas y asesorarlas. Por el
contrario, partió de las experiencias específicas de alianzas
para sistematizar un aprendizaje sobre el qué, el porqué, el
cómo y los resultados de las alianzas. Las estrategias
desarrolladas fueron:
la identificación, documentación y difusión de casos de
alianzas entre gobiernos, organizaciones sociales y empresas
privadas;
el análisis y la sistematización de los beneficios de las
alianzas y los medios para lograrlas;
la divulgación de las lecciones y el fortalecimiento de la
capacidad local para establecer alianzas y,
el reconocimiento público de los innovadores y el apoyo a
las alianzas establecidas.
El Programa Nacional de Alianzas funcionó como una alianza
constituida a nivel central por la Fundación Corona y el Banco
Mundial, con el apoyo del Departamento para el Desarrollo
Internacional del Reino Unido y la Fundación Interamericana, y a
nivel regional por universidades y centros de investigación que
actúan de forma descentralizada a través de seis
nodos
regionales.
En 2002 y debido al recrudecimiento del conflicto social y
político en Colombia, el Programa decidió reorientar su
convocatoria hacia la identificación de alianzas orientadas a
promover la paz reduciendo la violencia política, económica o
social, reconstruyendo la confianza y la cohesión social y
desarrollando actitudes y comportamientos orientados hacia la
tolerancia, la cooperación y la solidaridad.
Los
resultados
Seis años después de su implementación esas hipótesis iniciales
fueron confirmadas: las alianzas constituyen una estrategia
innovadora y efectiva para gestionar la solución de problemas
sociales. Las 468 alianzas identificadas y los 51 casos
documentados demuestran que las alianzas generan sinergias y
aprendizajes entre los socios; producen soluciones innovadoras,
entregan resultados concretos, mejoran la racionalidad y
productividad en el uso de recursos, la sostenibilidad de las
iniciativas e incrementan el capital social.
Una
alianza entre amplios sectores de la sociedad civil con
gobiernos locales y sectores privados genera respeto entre los
actores del conflicto y reduce la vulnerabilidad de los más
débiles.
Las alianzas mejoran la convivencia por su legitimidad,
por la capacidad de movilizar públicamente a amplios sectores
sociales en contra de las acciones armadas y por la posibilidad
de desarrollar estrategias para la defensa de las vidas de sus
miembros, la seguridad de sus familias y la de sus fuentes de
trabajo.
Pero también por la capacidad de generar alternativas de
solución a los problemas que origina la violencia o vienen con
ella, así como de desarrollar estrategias de avance en la
resolución de conflictos, favorecer el acceso a la justicia y
colaborar con las autoridades en la protección del territorio.
Las alianzas no pueden resolver totalmente el conflicto armado o
las situaciones de violencia que puedan afectar a una localidad
o una región, pues hay un complejo conjunto de factores
asociados a ellas, pero sí pueden crear o fortalecer un
tejido social y unas formas de participación y colaboración
entre la población que la haga mucho menos vulnerable a sus
efectos.
Porque juntos vencen el miedo, reducen la fragilidad de
las posiciones individuales y elevan la legitimidad, factores
que les permiten emplazar a los actores armados para conjurar la
agresión, imponer procedimientos civiles para la solución de los
conflictos y resistir el impacto de la violencia cuando se
manifiesta.
Asambleas Ciudadanas como las creadas en Tarso, Sonsón,
Pitalito, Catatumbo o Micoahumado, por ejemplo, han desplegado
toda su fortaleza colectiva para defenderse de la agresión
armada y trabajar conjuntamente para construir convivencia.
En estas alianzas se busca la disminución de tensiones para la
vida en común y la reducción de brechas políticas, grupales,
étnicas o territoriales, así como el fin de la polarización y la
fragmentación social. | más..